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F.MARTÍNEZ PEREA | 27 - 06 - 2011
La emoción del toro, sí. El toro en su papel estelar, como principal foco de atención. Al fin, de nuevo, los ‘victorinos’ en la Monumental de Frascuelo veintidós años después. Y con un corridón, con uno de esos encierros que levantan clamores cada vez que se abre la puerta de chiqueros. Seis toros, seis, extraordinariamente serios, con mucho trapío, de impecable presentación, muy en el tipo de la ganadería. Seis interrogantes también en una apuesta torista que reclamaba la afición y necesitaba el serial granadino. Es distinto el toro de Victorino Martín, en lo bueno y en lo malo. Es exigente. Impone y transmite. Magnifica el triunfo y acentúa el fracaso. Y siempre tiene interés para el aficionado. Por eso tiene la cotización que tiene y por eso ocupa ya, desde hace tiempo, un lugar en la leyenda de la cabaña brava española.
F.MARTÍNEZ PEREA | 26 - 06 - 2011
Tres de los cinco toros lidiados ayer con el hierro de Buenavista (Clotilde Calvo) fueron para enmarcar por su extraordinaria boyantía. Tres toros de triunfo grande que tuvieron, además, la adecuada réplica por parte de sus matadores. Los otros dos de Buenavista respondieron a características bien distintas. El que abrió plaza fue un manso encastado que cuando embistió a favor de querencia sacó a relucir clase. El otro, lidiado en sexto lugar, fue manso sin más, un toro poderoso y de gran volumen con el que Alejandro Talavante no fue capaz de poner la guinda a una corrida triunfal. Una pena porque el festejo merecía un final mejor, con los tres espadas por la Puerta Grande y, si me apuran, hasta con el mayoral de Buenavista acompañándoles, aunque sólo hubiera sido en homenaje a esos tres toros antes citados, uno de ellos, el lidiado en cuarto lugar, segundo de Manuel Jesús ‘El Cid’, premiado con la vuelta al ruedo.
F. MARTÍNEZ PEREA | 25 - 06 - 2011
Las combinaciones de toros y toreros están siempre sujetas a criterios muy dispares que el aficionado valora en función de sus particulares gustos. Por eso, para algunos, la terna de ayer no terminaba de encajar, con dos toreros de acusado corte artístico, Julio Aparicio y Cayetano, y un tercer espada, Manuel Díaz ‘El Cordobés’, que rinde culto cada tarde a la heterodoxia. Y no terminaba de encajar porque parece que en los tiempos que corren, a diferencia de otras épocas, los empachos, si se producen, tienen que ser de un mismo guiso. ¿Por qué? Es verdad que Aparicio tiene muy poco que ver con Manuel Díaz ni éste con Cayetano, pero cada uno, en los ruedos, esgrime sus armas y la mezcla de estilos no tiene que ir en detrimento del espectáculo. Que esas armas sean de pequeño o gran calibre o que la munición sea más o menos explosiva, es algo que siempre va a depender del impacto que el uso de ellas tenga en el público que es el que quita y da razones y el que, a la postre, sentencia lo que le gusta o le deja de gustar. Una sentencia que, dicho sea de paso, dejó claro, por el poco público en las gradas –apenas un tercio, algo insólito en un viernes de feria– que la mezcla interesó poco.
El poder de la sugestión y el otro toreo
F. MARTÍNEZ PEREA | 24 - 06 - 2011
José Antonio ‘Morante de la Puebla’, que es un torero tan genial como imprevisible, se ajustó al guión. También lo hizo David Fandila ‘El Fandi’, que es mucho más previsible y rara vez defrauda. José María Manzanares, en cambio, no fue el que todos esperaban. Porque el alicantino, en estado de gracia, idolatrado y hasta glorificado, sólo pudo reivindicarse con el estoque. Su lote, el más deslucido, apenas le dejó apuntar ese toreo de clase que suele prodigar. Pese a todo, en el epílogo de la tarde-noche, la escena fue de triunfo, con los tres espadas por la Puerta Grande y el bendito público de Granada, que es generoso y muy receptivo, aplaudiendo a rabiar como si hubiera participado de un espectáculo extraordinario.
El festejo de rejones abre hoy la feria del Corpus
F. MARTÍNEZ PEREA | 20 - 06 - 2011
José Sánchez Ortiz, que es un tipo genial como persona y cirujano, suele hacer un análisis muy especial de los carteles nada más ser presentados. Como cualquier aficionado, se detiene en las combinaciones de toros y toreros, se reserva su mayor o menor entusiasmo por cualquiera de ellas -suelen gustarle casi todas, porque para él cuantos se visten de luces merecen el máximo respeto- y, fijado el criterio, hace su particular calificación en función de los actuantes, de su situación profesional y de su mayor o menor solvencia para resolver problemas. Para el galeno, las corridas son de bajo riesgo, de riesgo medio y de alto riesgo, pero la de ayer estaba señalada de «máximo riesgo» por la presencia de tres toreros que actúan poco, por la seriedad del encierro, por el desafío de Vegas de rejonear un toro en puntas de Partido de Resina (antes Pablo Romero) y por una circunstancia tan extraordinaria y emotiva como es un doctorado, en este caso el de Antonio Hernández 'Chamaquito de Granada', un torero cincelado a golpe de lucha, con escaso bagaje profesional, pero dispuesto a consumar su sueño por la vía de la gesta.