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Extraordinario Sebastián Castella, faenón sin remate de Alejandro Talavante y ‘El Cid’ de nuevo en figura
F.MARTÍNEZ PEREA | 26 - 06 - 2011
Tres de los cinco toros lidiados ayer con el hierro de Buenavista (Clotilde Calvo) fueron para enmarcar por su extraordinaria boyantía. Tres toros de triunfo grande que tuvieron, además, la adecuada réplica por parte de sus matadores. Los otros dos de Buenavista respondieron a características bien distintas. El que abrió plaza fue un manso encastado que cuando embistió a favor de querencia sacó a relucir clase. El otro, lidiado en sexto lugar, fue manso sin más, un toro poderoso y de gran volumen con el que Alejandro Talavante no fue capaz de poner la guinda a una corrida triunfal. Una pena porque el festejo merecía un final mejor, con los tres espadas por la Puerta Grande y, si me apuran, hasta con el mayoral de Buenavista acompañándoles, aunque sólo hubiera sido en homenaje a esos tres toros antes citados, uno de ellos, el lidiado en cuarto lugar, segundo de Manuel Jesús ‘El Cid’, premiado con la vuelta al ruedo.
No pudo ser, no, porque Alejandro Talavante, que firmó una faena de altos vuelos, no supo refrendarla con el estoque y la Puerta Grande sólo se abrió para que salieran en volandas por ella ‘El Cid’ y Sebastián Castella, el primero por una faena importante al cuarto y el francés por su rotundidad en los dos toros que mató.
Dicho queda que Talavante cuajó una gran faena. La mejor de la tarde en cuanto a profundidad. El extremeño, inspiradísimo, supo ver la extraordinaria calidad de su primer oponente y bordó el toreo con las dos manos, primero al natural y después en redondo. Muletazos de trazo grueso, sentidos, largos y hondos. Exquisito temple, relajo, limpieza, sentimiento. También despaciocidad. Precioso todo, incluido el final por manoletinas. El mejor Talavante ante un toro de enorme clase, nobilísimo, de suave embestida y enorme fijeza. Faltaba sólo rematar con la espada, pero la estocada no fue contundente y con el verduguillo Talavante marró el primer intento. Se fugó una de las dos orejas, que hubiera sido un justo premio para semejante obra. Con el sexto, el manso, Talavante no quiso tirar la moneda al aire y a la tarde se le hurtó un final mejor. Lástima.
El gran triunfador numerario de la tarde fue Sebastián Castella, que cortó tres orejas y estuvo rotundo, sobre todo ante el toro que hizo segundo, un ejemplar de tan bella lámina como buen fondo. Castella lo lanceó primorosamente, quitó por tafalleras y tras el trámite de varas, un recital de buen hacer. Castella en Castella, con lo mejor de su repertorio. Pases cambiados por la espalda, toreo en redondo, al natural, cambios de mano, trincherazos, circulares invertidos... Máxima quietud, cercanías inverosímiles, intensidad. Y estocada fenomenal. Dos orejas de ley. Extraordinario el francés.
Con el quinto, el de Zalduendo, la faena bajó de tono en lo artístico, aunque no en intensidad. Más bruto el astado, más desigual en su embestida, con un punto de genio. Le buscó las vueltas el de Beziers, empeñado en redondear la tarde a lo grande. Faena de mucho mérito, pero menos brillante. Al final paseó otra oreja.
Manuel Jesús ‘El Cid’ demostró ya con su primero, que fue toro encastado en manso, que estaba dispuesto a reinvidicarse en su mejor versión. El de Salteras, inteligente, le dio al toro el terreno que pedía, se fue a tablas con él, montó la muleta en las cercanías de la puerta de chiqueros y allí, a favor de querencia, le sacó al toro series con las dos manos de excelente corte. El ejemplar de Buenavista, protestado de salida por supuesta cojera, embestía a regañadientes, pero cuando lo hacía humillaba y seguí con codicia los engaños. Lo entendió bien ‘El Cid’, que le hubiera cortado al menos una oreja de haber acertado con la espada al primer intento.
Las dos que sí cortó al cuarto toro, premiado con la vuelta al ruedo, fueron el resultado de una gran faena. Tenía indudable clase el toro, de apreciable volumen y presencia, pero lució más en manos del sevillano. Manuel Jesús, que ya se había lucido en el recibo capotero, inició faena con la mano derecha. Toreo largo y profundo. Toreo también sentido. Importante el toro y mejor todavía el torero. Series templadas, vibrantes, espléndidas. Cambios de mano, trincherazos, remates torerísimos. Y llegó el cambio de mano. La muleta en la izquierda, la suya. Y el mismo ‘Cid’ pletórico de sentimiento e inspiración. El toro a más y también a más la faena. Simbiosis perfecta. Trascendió todo a los tendidos. Roto y emocionado el torero. Entusiasmado el público. Había que matar bien al bravo astado y lo hizo Manuel Jesús de media estocada en todo lo alto. La presidencia sacó inmediatamente el pañuelo azul para la vuelta al ruedo del toro. También los dos blancos para sellar el triunfo del sevillano.