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La jornada festiva del jueves se convirtió en el día de los niños, que procesionaron hasta las atracciones
MAR VALLEJO | 12 - 06 - 2009
Ayer, ni papá ni mamá trabajaban. Era el día del Corpus Christi y jornada festiva en toda la capital. Ya no había excusa. Tocaba subir al ferial.
Acabó la procesión en el centro y familias enteras comenzaron a abarrotar las casetas de Almanjáyar a la hora de almorzar. Caía un sol de justicia y los termómetros rozaban los cuarenta grados, así que hubo tiempo suficiente para tomar un par de ‘digestivos’ fresquitos antes de llevar a los más pequeños a los cacharritos, que al fin y al cabo, son su máxima prioridad en la feria.
Peinetas a la altura de la rodilla y trajes cortos para que los más pequeños no pasasen calor. Lola, una niña de tan solo un año, ya daba sus primeros zapateos con unos minúsculos zapatos de tacón en la IDEAL. «Mira qué arte tiene, estamos encantados con ella al verla divertirse tan feliz», decían sus padres orgullosos. Otra familia que ya estaba terminando de comer afirmaba que llevan varios días subiendo a Almanjáyar. «Siempre, después de almorzar, los columpios son la cita obligada».
Pero mientras bajaban las temperaturas, muchos niños prefirieron invertir el intervalo de la sobremesa en la caseta de la guardería municipal que el Ayuntamiento ha instalado en Almanjáyar. Hay que resaltar lo de ‘prefirieron’ porque hubo quien con llantos desgarrados no se soltaba de ninguna manera de las manos de sus padres.
Los que sí decidieron que se quedaban disfrutaron al máximo de actividades con pinturas, globos, disfraces y videos de dibujos animados. Bea y Macarena eran dos de las niñas que habían visitado la guardería todos los días de la feria: «Nos gusta mucho estar aquí saltando en la colchoneta, pero preferimos los cacharritos», sentenciaban con una opinión que era compartida por la mayoría de los ‘clientes’ de esta caseta.
Otras chicas proponían sus propias sugerencias para mejorar los columpios del ferial: «Queremos más atracciones con agua y tiovivos con caballos en vez de ponis», señalaban.
A las seis de la tarde, tocaba ver al Mago Migue en la caseta municipal después de la merienda que cada día da gratis el Ayuntamiento. Los rostros de los niños sentados en la primera fila reflejaban admiración y sorpresa ante los trucos de ese artista que se sacaba un pañuelo de la boca. «Mamá, el Corpus es mágico», expresaba una niña.
Ver a los críos disfrutar, y no sólo con los columpios de la feria, era algo que gustaba a los padres. Carmen, con 3 años, vestía un traje de gitana igual que el de su madre y contemplaba muy contenta el espectáculo: «Vivo el Corpus a tope con ella. Lo primero que hay que hacer nada más poner un pie aquí es comprarle algo, pero no es muy caprichosa. Cuando haga menos calor la llevaré a los cacharritos», explicaba.
Charangas y caballos
En las horas de más calor, las charangas y los carruajes de caballos invadían el recinto ferial ante la mirada atónita de los más pequeños. Y mientras los puestos de helados hacían el agosto, familias enteras disfrutaban de semejante desfile agolpadas en los pocos bancos que quedaban a la sombra. «Es la primera vez que vengo con esta calor, con los niños es mejor salir a partir de las ocho de la tarde», decía la madre de Alicia, que días atrás había estado disfrutando del teatro infantil en la caseta de la Alcancía. Esta granadina echa en falta «más actividades para los niños enfocadas al baile de sevillanas».
Arayma, con sólo un año, ya se había vestido dos veces de gitana y le encanta zapatear. Así lo expresaba su abuela, Isabel, que disfrutaba de la jornada del jueves con toda la familia, como siempre lo ha hecho: «Este día es para venir a la feria todos juntos, cuando acaba la procesión en el centro. También el sábado solemos reunirnos para pasar todo el día aquí», afirmaba.